Éramos tan flacos: Logrado ejercicio de memoria de la lucha estudiantil universitaria de los noventa


«Los derechos no solo se conquistan, 
sino que se deben defender a través del tiempo 
porque se pueden perder»

Encabezo esta nota con este epígrafe porque permite situar el valor que el documental Éramos tan flacos (2025) de Carlos Castro adquiere en el contexto de ese tiempo y en el actual.

Si en el año 1918 durante el gobierno de Yrigoyen se produjo la Reforma Universitaria, que fue un proceso democratizador respecto de un sistema universitario elitista, que funda la universidad pública que hoy conocemos basada en el cogobierno, la autonomía universitaria del poder político de turno y la libertad de cátedra; en el año 1995 durante el gobierno de Menem estos derechos conquistados se pusieron en jaque y en riesgo en el marco de una política económica neoliberal que buscaba el arancelamiento de la universidad, abriendo la puerta a la participación de empresas y organizaciones privadas que la orientarían hacia las necesidades del mercado.

La universidad pública, gratuita y de calidad está fuertemente asociada en la sociedad argentina con la posibilidad del ascenso social, por lo que se vuelve un bastión y un valor inclaudicable, que siempre hay que defender y sostener ante nuevas embestidas de los programas económicos dictados desde los acreedores internacionales que pretenden imponer un proyecto de país para unos pocos privilegiados. Renunciar a ella, es ceder toda posible esperanza de un futuro. Es en este contexto que, al debatirse la regresiva Ley de Educación Superior en 1995, la Universidad Nacional de La Plata se pone a la vanguardia de la lucha y la resistencia estudiantil mediante asambleas, tomas universitarias y marchas, que lograron nuclear a las distintas facultades y organizaciones estudiantiles, ejerciendo su influencia sobre el conjunto del sistema universitario.

Por aquellos años, el director de este documental titulado Éramos tan flacos, era un joven oriundo del interior de la provincia de Buenos Aires que estudiaba en dicha universidad, que participa tímidamente de las asambleas universitarias y que poco a poco se va involucrando cada vez más más. El documental se vale de registros fílmicos en VHS realizados por él mismo en aquellos años, material de archivo televisivo y fotográfico de la época, filmaciones de los servicios de inteligencia de la policía y entrevistas en el presente a militantes estudiantiles de aquellos años, que van cobrando unidad y coherencia narrativa a través la propia voz en off del director en primera persona.

Una de las cuestiones que decanta de la película es cómo en el contexto de la franca descomposición económica y social, el espacio universitario se convierte en un lugar de cobijo para la juventud frente a la intemperie de la orfandad de referencias sociales, dada el silenciamiento que sufrió la generación de los 70 durante la dictadura militar, y por ende, orfandad también de sentido y de futuro, dado el avance del desmantelamiento de las estructuras del Estado del Bienestar. Frente al silenciamiento de las dirigencias políticas y sindicales ante al proceso de privatización de las empresas estatales, la universidad se configura, sobre ese vacío de representación y de sentidos alternativos, en espacio de resistencia y de creación de nuevas organizaciones que surgen desde las bases. La hermandad en la lucha universitaria se vuelve espacio de contención y de esperanza en la aspiración a un fin superior, en medio del desamparo generalizado.

Otro aspecto que da cuenta el documental es cómo las dirigencias de la organización mainstream (la Franja Morada), traicionan a las bases universitarias pactando con el poder político y con la policía la detención de militantes de otras agrupaciones, a cambio de sostener y ejercer sus privilegios en la asamblea por la reforma del estatuto universitario en febrero de 1996.

Por otra parte, el documental es un registro de época de cómo operaba la policía - pues ningún plan económico regresivo entra sin represión social - conservando todavía prácticas de la reciente dictadura militar: marcando estudiantes a través de filmaciones ocultas, infiltrándose en las marchas de manera civil y realizando detenciones arbitrarias y masivas en lugares que fueron centro de detención clandestina en aquellos años.


No obstante, pese a todo, pese al desencanto posterior con la transa y la rosca política, para las bases y para los espectadores, lo que decanta del documental es que organizarse y luchar colectivamente sigue siendo una salida que sirve; porque aunque la Ley de Educación Superior se votó en el Congreso, fue la presión masiva de los estudiantes en las calles la que permitió que esa ley no saliera como los poderes querían y que al día de hoy podamos seguir teniendo una universidad pública, gratuita y de calidad.
 

Lo que sigue después, ya lo sabemos, presupuestos universitarios escasos por los que siempre hay que pelear, pero que se vuelven paupérrimos en momentos de ataque a las estructuras del Estado como en la época actual, siempre apuntando al vaciamiento universitario, para con ello volver a poner en el tapete la cuestión del arancelamiento o la privatización de la universidad.

Éramos tan flacos, en su titulo mismo, da cuenta de aquellos tiempos de escasez económica, pero también de la juventud pujante, de una llama de lucha que no hay que dejar que se apague, cada vez que los poderes económicos concentrados se abaten sobre las mayorías de la sociedad.

Como sabemos, hoy la historia se repite no como tragedia sangrienta ni como farsa, sino como grotesco facismo cosplay. Por eso, en el contexto de sostener la rígida bandera del déficit cero se ahoga a las universidades poniendo en riesgo las condiciones mínimas para garantizar su funcionamiento, lo que significaría dejar a miles de jóvenes caídos en el desamparo. Porque como bien sitúa Carlos Castro: "la vida universitaria es en parte imaginaria", es decir, es posibilidad de proponer sentidos otros a la voluntad de sentido único, de imaginar nuevas vidas y nuevos mundos, junto a otros. 

En este contexto, darse una vuelta por la sala de cine para ver Éramos tan flacos, es una buena ocasión para hacer memoria, para no olvidar que nada nos fue regalado, que todo fue conquistado desde 1918 en adelante, como en los noventa, a fuerza de lucha colectiva. Pero el ejercicio de la memoria que propone este documental no se reduce a un mero recordar pasivo, es también oportunidad para extraer un balance de los aciertos y los fracasos de aquel proceso, para desde allí prepararnos mejor como sociedad para las luchas por venir en defensa de una universidad de todos y para todos, porque ningún derecho está garantizado de una vez y para siempre.

Ficha Técnica: Guion y Dirección: Carlos Castro. Montaje: Pedro Barandarián. Investigación de Archivo: Carlos Castro, Paula Ezperanza Valdez, Esteban Gil García, Tatiana Zlatar y Marco Iannarelli. Investigación: Esteban Gil García, Paula Ezperanza Valdez. Idioma: español. País: Argentina. Año: 2025. Duración: 80 minutos.

 

  

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